El mito del talento

gladwell_malcolm_fEstán sobrevaloradas las

personas inteligentes?

por Malcolm Gladwell

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Hace cinco años varios ejecutivos de McKinsey&Company, la firma de consultoría más prestigiosa de Norteamérica, lanzaron lo que bautizaron como “La guerra del talento”. Enviaron miles de cuestionarios a directivos de todo el pais. Además, seleccionaron diez y ocho empresas a las que visitaron y dedicaron especial atención.Durante dias, en algunos casos hasta tres, entrevistaron desde el primer ejecutivo hasta personal de Recursos Humanos. McKinsey quería documentar cómo las compañías americanas que mejor funcionan se diferencian de las demás en cuanto a su forma de gestionar el reclutamiento y promoción de su personal.Pero a medida que luego revisaban los montones de informes, de cuestionarios y las transcripciones de las entrevistas, llegaron al convencimiento de que la diferencia entre ganadores y perdedores era mucho más profunda de lo que pensaban:En el libro que escribieron, “The War for Talent” ,los tres consultores que responsables del estudio- Ed Michaels, Helen Handfield-Jones y Beth Axelrod-dicen “ Nos miramos y de repente la bombilla se encendió”:Las mejores empresas-concluyeron- tienen líderes obsesionados con la cuestión del talento.Reclutan sin parar, buscando y contratando todos los mejores que encuentran. Identifican y segregan a las “estrellas”, recompensándolas de forma desproporcionada y contínuamente las invitan a escalar hacia posiciones de mayor responsabilidad. Apostamos por los atletas naturales, los que tienen habilidades intrínsecas más fuertes”.Citan elogiosamente el comentario que les hizo un ejecutivo de alto nivel de General Electric:”No hay que tener miedo de promocionar estrellas por encima de sus jefes directos, aunque carezcan de una experiencia relevante concreta”. Según Michaels,Handfield Jones y Axelrod, en la economia moderna el éxito necesita la “mentalidad del talento”, la “creencia profundamente arraigada de que la empresa que cuenta con el mejor talento en todos los niveles supera a sus competidores”

Esta “mentalidad del talento” es la nueva ortodoxia del management americano. Es la justificación intelectual de la alta valoración que se otorga a las escuelas de negocio del primer nivel y explica por qué son tan generosos los paquetes remunerativos y de compensación para los altos ejecutivos.En la empresa moderna se considera que la fortaleza del sistema es la de sus estrellas y este mensaje ha sido predicado en los últimos años por consultores y “gurus” de todo el mundo. Ninguno con tanto fervor como McKinsey ;uno de sus clientes llevó a extremos insospechados esta mentalidad del talento. Una compañía en la que McKinsey dirigía veinte proyectos diferentes;en la que las facturas de McKinsey llegaron a sumar más de diez millones de dólares al año; a su consejo asistía regularmente un consejero de la misma McKinsey; el propio primer ejecutivo era un antiguo socio de McKinsey. La compañía era Enron.

Hace casi un año que se produjo el escándalo de Enron. Han quedado destruidas las reputaciones de los dos primeros ejecutivos, Jeffrey Skilling y Kenneth Lay; el auditor de Enron;Arthur Andersen ha sido expulsado del mundo empresarial; y ahora los investigadores se centran en los banqueros de Enron. McKinsey es la única empresa relacionada con Enron que sale bastante bien parada, lo cual es raro teniendo en cuenta que, en buena medida, es responsable de la ideología en la que se basó la cultura de Enron, que fue la compañía del “talento” por excelencia. Nos dicen Michaels, Handfield –Jones y Axelrond que cuando en 1990 Skilling creó la división corporativa llamada “Enron Capital and Trade”, “decidió reclutar a todos los mejores graduados de instituto y MBAs que pudiera encontrar para llenar de talento la Compañía”. En los años noventa, Enron contrató cada año a doscientas cincuenta MBAs recién graduados.Recuerda un antiguo directivo de Enron:”Organizábamos los Super-Sábados en los que entrevistaba a algunos recién salidos de Harvard; esos chicos me superaban en todo.Sabían cosas que yo nunca había oido”.Incorporados a Enron, se remuneraba desproporcionadamente a los más productivos; también se les ascendía sin tener en cuenta ni experiencia ni antigüedad. Enron era un sistema basado en empleados estrellas. El anterior presidente de Enron, Lay, confesó a los consultores de McKinsey cuando le visitaron en la sede de la Compañía en Houston que “la única cosa que nos diferencia de nuestros competidores son nuestras personas, nuestro talento”. O ,como otro primer ejecutivo de la Compañía dijo a Richard Foster- otro socio de McKinsey que escribió en 2001 un libro titulado “Creative Destruction”, en el que elogiaba a Enron-“ reclutamos a personas muy inteligentes y las pagamos más de lo que creen merecer”.

En otras palabras, los directivos de Enron hicieron exactamente lo que los consultores de McKinsey dijeron que había que hacer para triunfar en la economia moderna. Reclutaron y recompensaron a los excelentes y más brillantes; la Compañía está en quiebra. No necesitamos aclarar que las razones de esta bancarrota son complejas. Pero ¿ y si Enron quebró no a pesar de su “mentalidad del talento” sino precisamente por ella?.¿Y si se está sobrevalorando a las personas inteligentes?

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José María SarachoEl mito del talento
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