Qué es una competencia?

Qué es una competencia?

 Por José María Saracho

 

Una competencia es la capacidad de realizar un comportamiento, conductual o cognitivo, que permite a una persona obtener un resultado o desempeño superior que el de otra persona en situaciones similares y con los mismos recursos disponibles. A dicha capacidad de realizar un comportamiento, conductual o cognitivo, que causa una diferencia en el desempeño, lo llamamos competencia.

 Una competencia es una diferencia. Cualquier cosa a la que se llame competencia debe cumplir, sí o sí, con la condición de ser la capacidad que tiene una persona de realizar un comportamiento que provoca un resultado o desempeño superior al de otras personas en un entorno de trabajo igual o similar. Ergo, cualquier cosa que no cumpla con este requisito no es una competencia.

Si usted cree que esta definición se parece a otras que ya ha leído o escuchado es

porque no comprendió la definición que acaba de leer.  mente

Si vuelve a leera y todavía cree que dice algo que ya sabía con palabras 

distintas o algo así, le sugiero que lea lo que sigue.

 

Una competencia es una diferencia

Desde chico tuve una clara debilidad por la tortilla a la española, ya a los diez años era capaz de hacer una tortilla a la española que podría haberse vendido como especialidad en cualquier restaurante de primera categoría. Con el paso de los años no hice más que perfeccionar mi especialidad. Durante mi adolescencia el rittual de los sábados por la madrugada era llegar a la casa de alguno de mis amigos y que se pusieran automáticamente a pelar papas, cortar cebollas y romper huevos cual obedientes peones de cocina bajo el mando del gran chef que los deleitaría con ese manjar. Treinta años después, unos cuantos meses atrás, después de haber tomado algunos tragos con charla tanguera, mi hermano me pidió tortilla. Fuimos a la cocina aun con los tragos y, mientras observaba maravillado mi preparación, dijo “cómo puede ser que yo con las mismas cosas no pueda hacer una tortilla así?”, a lo cual le respondí “ahora por fin podrás entender qué es una competencia! Fijate que vos contando con los mismos elementos, sabiendo cocinar tan bien como lo hacés, teniendo las mismas habilidades manuales, el mismo buen paladar y poniendole la misma dedicación que yo le pongo, no podés hacer una tortilla como la mía; y sabés por qué? porque yo tengo una habiliad que vos no tenés, manejo los tiempos de cocción, sé cuánto dorar las papas y las cebollas, sé cuánto tiempo debo dejar el sartén sobre el fuego antes de echar la mezcla, sé exactamente en qué momento darla vuelta para que el huevo quede exactamente en ese punto que resulta delicioso al paladar. Lo que yo aprendí en algún momento y lo que perfeccioné a través de los años es mi capacidad de calcular los tiempos de cocción”.

 Reconozco que la anécdota es pobre, o hasta pobrísima. La uso porque a partir de esa conversación mi hermano comprendió, después de más de quince años, en qué trabajo. Luego probé contarle la misma anécdota a mis alumnos, quienes sin haber nunca degustado mi deliciosa tortilla a la española ni haberme visto hacerla, e incluso cuando algunos de ellos ni siquiera sabían a ciencia cierta qué es una tortilla a la española, igualmente comprendieron el concepto de competencia.

 Una competencia es aquello que causa una diferencia claramente observable entre el desempeño de una persona y el resto (uno, un grupo o toda una industria) en una situación idéntica o similar y contando con recursos idénticos o similares. En mi caso mi desempeño está dado por el sabor de mi tortilla, y lo único que causa la diferencia entre mi tortilla y la de mi hermano, que también es un buen cocinero, es mi habilidad para calcular los tiempos de cocción. Si un experto en competencias definiera los indicadores de mi desempeño superior, y luego se dedicara a identificar mis competencias para ello, seguramente debería conceptualizar la competencia “hacer tortillas de papas deliciosas”, lo que podría definir como “capacidad para reconocer el estado óptimo de cocción de los elementos constitutivos de la tortilla”; luego debería agregar unos comportamientos observables tales como “reconoce la temperatura del aceite observando la viscosidad y el volumen de vapor que emana del sarten”, “verifica la textura y consistencia de las cebollas de acuerdo a su nivel de transparencia”, “calcula adecuadamente el tiempo de cocción de las papas de acuerdo a la forma en que han sido cortadas”, “está atento a la viscosidad del huevo presente en la superficie de la tortilla para darla vuelta antes que este solidifique”. Mi competencia debería verse más o menos así:

Hacer tortillas de papas deliciosas

 Es la capacidad de reconocer el estado óptimo de cocción de los elementos constitutivos de la tortilla a la española.

 Comportamientos clave 

  • Reconoce la temperatura del aceite observando la viscosidad y el volumen de vapor que emana del sarten
  • Verifica la textura y consistencia de las cebollas de acuerdo a su nivel de transparencia
  • Calcula adecuadamente el tiempo de cocción de las papas de acuerdo a la forma en que han sido cortadas
  • Está atento a la viscosidad del huevo presente en la superficie de la tortilla para darla vuelta antes que este solidifique

Ahora bien, si un “pretendido” experto identificara una lista de 5 competencias tales como “Preparación de las materias primas”, organización de los instrumentos y utencillos”, “cocción de las cebollas y las papas”, “rebanado del cantimpalo”, “preparación de la mezcla” y “cocción de la tortilla”, y asimismo se dedicara a describir conductas asociadas a cada una de estas competencias con enunciados de comportamientos tales como “voltea la tortilla evitando que esta se desarme durante el proceso”, “distribuye las papas en forma regular en el sartén” o “rebana papas y cebollas con pericia”, seguramente estaríamos en presencia de un excelente libro de cocina de los que abundan en el mercado. Lo que seguro no habrá hecho el “pretendido” consultor es identificar mis competencias como hacedor de tortillas superiores.

 Repito, una competencia o las competencias son tales sí y sólo sí son la causa de una diferencia significativa en los resultados. Todo el resto no son competencias.

 Cualquiera puede hacer una rica tortilla, de hecho en este mismo momento se están haciendo miles de ellas alrededor del mundo, pero tortillas deliciosas como la que yo preparo hay pocas. En mi caso, lo único que hago distinto que la gran mayoría de los cocineros es aplicar mi “capacidad para reconocer el estado óptimo de cocción de los elementos constitutivos de la tortilla”. La competencia en este caso podría llamarse “manejo de los tiempos de cocción”. Y tenga por seguro que si nuestro “pretendido” consultor hace una lista de 20 competencias estamos en presencia de un verdadero fraude. Lo mismo aplica para sus gerentes, sus jefes, sus vendedores, sus ejecutivos, su personal administrativo o sus ingenieros. Si usted tiene un hermoso diccionario, modelo, o catálogo de competencias con, digamos, alrededor de 10 competencias por cargo, esté seguro que le han hecho una sofisticada y cara descripción de tareas, nada que se parezca, ni de lejos, a un perfil de competencias.

 Supongamos que yo soy el cocinero de un importante restaurante del que usted es el dueño y ha decidido que quiere gestionar las competencias de su personal. Lo primero que debería hacer es identificar sus ventajas competitivas o sus core competencias, entre ellas sin duda estará mi tortilla de papas, probablemente algún otro plato especial de alguno de mis colegas cocineros, la atención personalizada que realiza de manera impecable su anfitriona, la carta que con tanto esmero diseña semanalmente el encargado de salón, y los precios razonables de sus menú ejecutivos. Esas 5 capacidades de su restaurante son las que lo hacen exitoso en su negocio. Luego Usted quiere abrir una sucursal como primer paso para construir una cadena o un sistema de franquicias, para lo cuál deberá replicar en cada uno de ellos sus core competencias. Por supuesto prestará atención a todos los otros aspectos como mobiliario, uniformes, precios, etc., pero básicamente usted quiere garantizarse que eso que lo ha hecho exitoso hasta ahora sea replicado. Qué mejor que llamar a su consultor amigo experto para que identifique las competencias que poseen esas personas que hasta ahora han sustentado de manera personal sus core competencias. Usted está a punto de convertirse en un verdadero empresario y si bien no puede clonar a sus empleados estrella necesita conseguir otros que posean sí o sí esas competencias que hacen la diferencia. El hacedor de tortillas de su próximo restaurante quizá no tenga mis otras capacidades como ser limpio y ordenado, o el gran reconocimiento de buen player de equipo que yo he ganado en mi grupo de trabajo; hasta es probable que su hacedor de tortillas ni siquiera hable español. Pero lo que usted necesita es asegurarse que alguien hará las tortillas tan deliciosas como las mías en su nuevo restaurante. Habiendo reflexionado eso puede llamar a su amigo consultor y pedirle que identifique las competencias de sus empleados clave.

 Bien, ahora ya lo sabe, si su consultor de confianza le dice que sus cocineros hace tortillas deben tener unas 20 competencias asegúrese de mantener la amistad y eliminar de su lista de asesores a su amigo. Si le dice que el hace tortillas debe tener unas 10 competencias pregúntele en qué está pensando y pídale que revise su trabajo. Si le dice que el hace tortillas debe tener unas cinco competencias siéntese con él a charlar seriamente y pídale que le explique exactamente cuál es la diferencia que implica cada una de ellas. Es probable que su amigo consultor de algunas vueltas y finalmente llegue a la conclusión de que la única competencia del hace tortillas es su “capacidad para reconocer el estado óptimo de cocción de los elementos constitutivos de la tortilla”. Cuando su consultor amigo llegue a esa conclusión usted no tendrá más remedio que pagarle lo que él pida, pero estará seguro de que su cadena de restaurantes tiene altas posibilidades de transformarlo a usted en el CEO de una gran empresa.

 Para poder aplicar el concepto de competencia a un comportamiento, una conducta, una característica, una aptitud, una capacidad, un recurso personal, un rasgo de personalidad, o cualquier combinación de estos elementos, existe una sola condición: que eso a lo que se llama competencia cause una diferencia sustancial,  medible, descriptible y observable entre el desempeño superior de un individuo y el desempeño promedio de otro individuo en una situación similar y contando con recursos iguales o equivalentes.

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